Una curiosa pareja formada por un queer adolescente que duda en completar su transición a mujer, y un profesor de filosofía recién jubilado que nunca ha salido del armario, inician una relación basada en las antiguas reglas de la paideia divulgadas por Platón en El Banquete mientras el segundo arrastra las secuelas de una depresión durante la que, en noches sucesivas, ha comenzado a soñar que es un andrógino venido a la Tierra para retransmitir la extinción de los dinosaurios a Teegarden, su planeta de origen y cuna de una futura humanidad... La Grecia Clásica se da aquí la mano con el Período Cretácico para equiparar a Eros, una de las formas del amor, con cualquiera de los grandes animales que habitaron el planeta en aquella época remota, ya que, como se dice en una de las páginas que siguen, "el Deseo muere pero nunca desaparece, solo permanece enterrado en nuestra imaginación, pudriéndose y purificándose a la vez, como el cadáver de cualquier dinosaurio bajo la tierra, hasta que sus restos fósiles tornan a salir a la luz, como esqueleto durmiente que despierta millones de años después, para descubrir que nunca ha sido olvidado, que continúa vivo en la memoria colectiva y que su recuerdo no es un simple hueso mondo y lirondo, sino que está recubierto de la antigua carne que un día le otorgó categoría de monstruo prediluviano, realidad de ser fantástico que, a despecho del paso de las eras, todavía nos enamora".