El mundo no cayó entre explosiones. Cayó en silencio: una guerra invisible apagó la tecnología en una sola noche, los gobiernos se deshicieron en pocos días, y la memoria de lo que fuimos se fue partiendo en mil versiones, hasta que cada aldea recuerda un pasado distinto.
En ese mundo desconectado, una carta escrita a mano puede decidir el destino de una comunidad entera. Por eso los Restauradores las interceptan, las falsifican y las queman: quien controla lo que se recuerda, controla lo que la gente cree que es verdad.
Kaïra cruza esas rutas sola, con un perro-lobo por única compañía. Antes fue agente de desinformación: redactó las cartas falsas que dividieron pueblos y borraron nombres. Ahora reparte cartas verdaderas, y cada entrega es la única penitencia que conoce. Pero lleva una que no se atreve a abrir: la última que le escribió su hermana, desaparecida en el colapso.
El Último Latido abre Ecos de Ceniza, una distopía íntima y simbólica sobre la memoria y la palabra escrita. Aquí la verdad sobrevive escondida entre las ruinas, y entregar una carta es el último fuego encendido contra el olvido.