Las energías renovables siempre han estado ahí, acompañando al hombre desde su aparición sobre la Tierra, pero no fue hasta la crisis del petróleo de 1973 cuando se comenzó a impulsar de forma decidida su desarrollo industrial como una forma, alternativa a los combustibles fósiles, de producción sistemática de la energía que el mercado industrial demandaba.Pero ha sido recientemente, con el impulso a nivel internacional de la lucha contra el cambio climático antropogénico, cuando las energías alternativas han saltado al centro del escenario energético desde la periferia en la que se mantenían. Y dentro de ellas, de forma muy destacada, la energía solar que, en última instancia, es la fuente primordial de toda la energía disponible en la Tierra y para la que ya están disponibles tecnologías que consiguen su utilización directa de forma intensiva.