¿Te sabes el número de teléfono de tu madre? ¿Sabrías volver a casa sin el móvil? ¿Cuándo fue la última vez que estuviste diez minutos a solas contigo, sin pantalla, sin huir?
No estás perdiendo la memoria, ni el sentido de la orientación, ni la paciencia. Las estás entregando. Una a una, sin pelea, por pura comodidad, le estás dando a las máquinas las capacidades que durante miles de años te hicieron humano. Y lo hacen mejor que tú. Y cada año harán más.
Este no es un libro contra las máquinas, ni un anuncio del fin del mundo. Es algo más incómodo: la crónica de una sustracción silenciosa, la de todo lo que cedemos con una sonrisa porque nadie nos lo arranca, lo entregamos nosotros, agradecidos.
A lo largo de dieciocho capítulos, este ensayo mira de frente el mundo que ya está llegando -el trabajo que desaparece, los hijos que no nacen, el amor que se simula, la verdad que se disuelve, las armas que matan solas- y, a través de personas de carne y hueso y datos reales, sigue el hilo hasta una sola pregunta que vas a tardar en quitarte de encima: cuando todo lo que hacías pueda hacerse sin ti, y mejor, ¿qué te queda que solo puedas ser tú?
No encontrarás aquí una solución de siete pasos ni una promesa de salvación. Encontrarás algo más honesto: una manera de ver con claridad lo que está pasando, mientras todavía queda alguien dentro para verlo.
Para lectores de ensayo que disfrutaron pensando con Yuval Noah Harari, Byung-Chul Han o Marta García Aller, pero buscan una voz cercana, directa y sin anestesia.