La responsabilidad de un cabeza de familia se hace patente hasta dentro de la fauna, un torogoz preocupado por el sustento de sus crías sale en busca de alimento mientras su amada pareja queda al cuido de sus polluelos los cuales tienen diversas necesidades, en cada vuelo arriesga su vida y no solo esta especie la arriesga también el ser humano lo hace ahora por la violencia y años atrás debido a un conflicto armado.
Las madres salvadoreñas también arriesgan sus vidas para llevar sustento a su familia sea bajo balas de guerra o de grupos que se hacen dueños del miedo de cada miembro de los países latinos lo cual provoca agotamiento en todos los sentidos no obstante de alguna fuente sacan fuerzas pues así somos no nos dejamos vencer, los padres responsables dejan por ultimo sus propias necesidades y muchas veces en su intento de saciarlas con las pocas fuerzas que les quedan mueren en el intento por lo mismo ya sea por las balas o por grupos que han dominado a nuestra gente honrada y trabajadora.
La guerra y la delincuencia son crueles pues antes de matar a sus víctimas las obligan a guardar silencio aunque su canto de súplica sea necesario y justo fueron, son y siguen siendo prisioneros de una patria encadenada por la ambición desmedida de sus dirigentes, el soborno y los prejuicios lo cual nos desgasta pues tratamos a toda costa ser libres ya que esa es nuestra naturaleza Dios nos diseñó de esa manera LIBRES, la melodía de muchos pueblos fue el llanto, los lamentos de aflicción dentro de una búsqueda que parece interminable de frutos de muchos vientres árboles que empezaban formar su follaje siguen en su búsqueda esperando encontrar arboles de hermoso follaje aunque sea lo último que miren sus ojos cual brillo es escaso de tanto roció esparcido por esta bendita y hermosa tierra.
Nuestros niños lucharon, luchan y seguirán luchando por su infancia lograr mantener pese al derrumbe social que miran delante de su mirada floreciente de sueños, proyectos e ilusiones seguirán jugando más la corriente por decirlo así de aguas que en algún tiempo fueron cristalinas y que con el pasar de los años se tornaron rojas, turquesas, pardas y pocas fueron las generaciones que las vieron cristalinas o azules contrastando con nuestros cielos fueron formando adolescentes y jóvenes como leones siempre a la defensiva listos para atacar con o sin motivo ese es el legado de los que obligados o por decisión propia hicieron de las armas sus intimas amigas y de la violencia su estilo de vida lo cual afectan las relaciones de todo tipo y al no encontrar otra salida para subsistir estos árboles se adentran en un bosque de narcotráfico, estafas, apuestas y en una sola palabra corrupción.
Muchos intentando esquivar esos actos ilegales emigran como aves al norte con la ilusión vana de un futuro mejor encontrar su meta es salir del lodo que produce la pobreza, rescatar a sus hijos de las garras de la violencia pero como la pobreza es una vestimenta difícil de quitar estas aves cruzan ríos, desiertos escalan muros y si acaso llegan a su destino con vida deben vivir escondiéndose cual insectos indeseables y otros formarían sus propios grupos de violencia en la madre tierra que los vio nacer limpiecitos y sin ningún rastro de maldad llenando las calles donde alguna vez jugaron de sangre, luto y llanto ganándose el miedo de las autoridades usando el soborno como base para tener beneficios desde la cárcel tomando el control de naciones enteras ganándose la admiración por sorprenderte que parezca de muchas personas y convirtiendo la violencia en un estilo de vida el cual consiste en sembrar pánico y hacer que los demás les den reverencia cual si fueran héroes a los que respetar y admirar imponiéndoles rentas a aquellos que se ganan el sustento honradamente y con sacrificio para su familia.